
Se suele oír a veces que la Iglesia no plantó cara al nazismo, sino que se rindió ante esta ideología. En los últimos años ha sido un tema recurrente por parte de los que dedican su vida a intentar acabar con la Iglesia.
A uno le entran ganas de estrellarles en la cara la encíclica Mit brennender Sorge, leída en marzo de 1937 (dos años antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, justo cuando las democracias más "avanzadas" -Francia e Inglaterra- miraban para otro lado ante el auge de Hitler) en todas las iglesias católicas de Alemania. Claro, que a lo mejor reprochan a la Iglesia haberse metido en política (porque criticar las ideologías totalitarias es meterse en política, ¿no?).
Pero no viene mal acudir también al testimonio de personas como Einstein. Nada tenía que ver con la Iglesia y, sin embargo, en 1940 (ya comenzada la guerra) escribe en la revista Time:
Siendo un amante de la libertad, cuando la revolución estalló en Alemania miré con confianza a las universidades, sabiendo que éstas se habían distinguido siempre por su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré hacia los grandes editores de los periódicos que, en fogosos editoriales, proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció en pie para bloquear el paso a la campaña de Hitler para suprimir la verdad. Nunca antes había sentido un interés particular hacia la Iglesia, pero ahora mantengo un gran afecto y una gran admiración hacia ella, porque solo la Iglesia ha tenido el valor y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Confieso que ahora alabo incondicionalmente aquello que una vez desprecié.
¡!
Por favor, leed e investigad, para que cuando nos rodeen de mentiras, podamos contestar con hechos, argumentos, evidencias como éstas. No vale con quedarse en el "seguro que es mentira lo que dicen". Aunque casi siempre lo sea.


