martes 24 de noviembre de 2009

La Iglesia y los nazis


Se suele oír a veces que la Iglesia no plantó cara al nazismo, sino que se rindió ante esta ideología. En los últimos años ha sido un tema recurrente por parte de los que dedican su vida a intentar acabar con la Iglesia.

A uno le entran ganas de estrellarles en la cara la encíclica Mit brennender Sorge, leída en marzo de 1937 (dos años antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, justo cuando las democracias más "avanzadas" -Francia e Inglaterra- miraban para otro lado ante el auge de Hitler) en todas las iglesias católicas de Alemania. Claro, que a lo mejor reprochan a la Iglesia haberse metido en política (porque criticar las ideologías totalitarias es meterse en política, ¿no?).

Pero no viene mal acudir también al testimonio de personas como Einstein. Nada tenía que ver con la Iglesia y, sin embargo, en 1940 (ya comenzada la guerra) escribe en la revista Time:

Siendo un amante de la libertad, cuando la revolución estalló en Alemania miré con confianza a las universidades, sabiendo que éstas se habían distinguido siempre por su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré hacia los grandes editores de los periódicos que, en fogosos editoriales, proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron sofocados en pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció en pie para bloquear el paso a la campaña de Hitler para suprimir la verdad. Nunca antes había sentido un interés particular hacia la Iglesia, pero ahora mantengo un gran afecto y una gran admiración hacia ella, porque solo la Iglesia ha tenido el valor y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Confieso que ahora alabo incondicionalmente aquello que una vez desprecié.

¡!

Por favor, leed e investigad, para que cuando nos rodeen de mentiras, podamos contestar con hechos, argumentos, evidencias como éstas. No vale con quedarse en el "seguro que es mentira lo que dicen". Aunque casi siempre lo sea.

domingo 22 de noviembre de 2009

La educación lo es todo

Estos días se ve en la tele este spot de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. Me suena haberlo visto ya hace años en televisión, por lo que creo que ahora lo han repuesto. Si es así, lo han hecho con buen juicio: está realmente bien hecho.


miércoles 18 de noviembre de 2009

Autoexamen

Le hacía gracia a un compañero mío, cuando estudiábamos en el Bachillerato Filosofía, que Santo Tomás de Aquino concluyera sus razonamientos siempre refiriéndolo todo a Dios (el hombre, el mundo, el conocimiento, la sociedad...). Para él, era un recurso caprichoso del "Buey Mudo", una concesión típica de un filósofo religioso que no debíamos tomar en serio. Mi amigo, que no tenía luces filosóficas, no llegaba a ver bien el dato más sencillo al que podemos llegar: que todo lo que existe debe tener un origen, que toda la realidad apunta hacia un mismo lugar. Todo: también aquello que decimos que viene de la mano del hombre. Pero en el fondo, él era una víctima más de la mentalidad que nos ha hecho creer que si Dios existe o no, en el fondo, bueno... da más o menos igual, es una cosa secundaria, para abordar en los momentos de ocio. Que la religión es, siendo muy benévolos, una disciplina más de cuantas aprendemos, de tal manera que está muy bien saber algo, igual que se sabe de historia o de gramática. Por cultura. Que todo eso puede tener también su pequeño hueco, pero sin pasarse con las cosas de curas.

Mi amigo probablemente creyera en la existencia de Dios hasta cierto punto, como ironizaba C.S.Lewis en "Cartas del diablo a su sobrino": Háblale sobre la "moderación en todas las cosas". Una vez que consigas hacerle pensar que "la religión está muy bien, pero hasta cierto punto", podrás sentirte satisfecho acerca de su alma. Una religión moderada es tan buena para nosotros como la falta absoluta de religión. El veneno mortal que hace convalecer a la práctica religiosa es nuestra incapacidad para advertir que realmente, y no metafórica ni poéticamente, somos en Dios, y en ningún sitio más, que tendemos a Dios y que hacia Él debemos orientar toda nuestra vida si no queremos dedicarla al vacío de la nada. La preocupación religiosa es, no el asunto más importante, sino el único asunto que de verdad merece en realidad el nombre de "importante" en la vida del hombre. En consecuencia, como dice el punto 189 de "Camino", de Escrivá de Balaguer, "todo lo que no te lleve a Dios es un estorbo". Y esto, no por capricho ni por beatería, sino porque la propia razón así nos lo pide.

¿Por qué un mensaje tan puro y bello, tan verdadero, suscita tantas veces más repulsión que atracción? ¿Por qué aguamos más y más el evangelio, cuando ya está comprobado que aguarlo ni siquiera atrae más, sino al revés? Algo hacemos mal si no encendemos los corazones con nuestro ejemplo, con nuestra sinceridad, con nuestra actitud. Es muy sencillo: nuestro corazón lo ha hecho Dios, y si Dios se le presenta, la reacción natural es la atracción por Él; si no existe esa atracción en la gente, ¿no será porque no les estamos presentando a Dios de una manera suficientemente diáfana? Conocer a un cristiano verdadero, un cristiano de fe, uno solo, puede hacer cambiar la vida, porque su vida resulta enormemente atractiva, como no lo resultan grandes viajes, ni bellas mujeres, ni vidas de lujo. Tengo la suerte de conocer a varios, de los cuales a mí me gusta decir que transparentan a Dios. Pero, ¿y todos los otros? Mediocres somos. En el fondo hacemos lo mismo y vivimos más o menos igual que cualquier otro. A menudo, podemos considerarnos buenos seguidores de Jesús porque vamos a la iglesia o apoyamos al Papa; nos dicen: “¡ah, qué buen católico!”, pero ¿no estamos, sincera y objetivamente, más allá de comparaciones, demasiado lejos de lo que deberíamos? La pregunta es: ¿nos lo hemos tomado en serio? Y la respuesta es que damos la sensación de que, en el fondo, no hemos creído a Jesús. Si hay una crítica ácida que se nos pueda hacer con justicia es la que menciona André Frossard en "Dios existe, yo me lo encontré" hablando de cómo percibía a los cristianos antes de su conversión. Espero que esta acusación no siga siendo tan acertada hoy en día, pero ¡tomemos nota!

Su moral corriente era poco más o menos la misma que la nuestra (...) Parecían actuar con miras a una recompensa o con el temor de un castigo futuros, mentalidad mercenaria que nos inspiraba poca consideración (...) Se movían con precaución entre las prohibiciones, sin atreverse a enterarse de las cosas y aburriendo a lo creado. Nos daban la impresión de tener miedo de vivir

jueves 12 de noviembre de 2009

¿?

¿Y que decirle al que te dice que te haces cura porque te gusta, que eres un egoísta en el fondo (y es verdad que te haces cura porque te gusta)?

¿Y que decirle al que te reprocha que estés en el seminario "viviendo bien" mientras él tiene que sufrir cada día por ganarse el pan (y es verdad que sufre mucho más que tú)?

¿Y qué decirle al que te dice que es muy bonito todo ese cuento de ser cristiano, pero que luego los cristianos son igual de malos que los no cristianos (y es verdad que encuentras motivos para pensar lo mismo)?

¿Y qué decirle al que te dice que es muy bonito todo lo que predicamos, pero que "hay que ser más práctico" y no ser tan hipócrita, que para comer lo que hace falta es el dinero (y es verdad que la propia Iglesia no se sustentaría sin dinero, sin instalaciones...)?

¿Y qué decirle al que te acusa de falso porque supuestamente sigues a Cristo, pero en el fondo estás ahí por placer, sólo que un placer diferente a lo que se entiende normalmente por "placer", un placer espiritual (y es verdad que uno también busca el placer para su propia vida)?

¿Y qué decirle al que te dice que menudo cristianismo es ése, que por "captar" a un chico para el sacerdocio tiene que separarlo de su familia y de sus amigos (y es verdad que uno no sabe qué decir a los que le miran casi llorando porque les haces daño yéndote al seminario)?

¿Y qué decirle al que te dice que te vas de peregrinación por pasártelo bien, y no por hacer ningún sacrificio ni ningún bien, ni a Dios ni al prójimo (y es verdad que estás deseando hacer la peregrinación para sentirte mejor), y que si fueras un auténtico cristiano, en vez de hacer peregrinaciones, te pondrías a trabajar para ayudar a esta o a aquella persona?

Llamémosle X, pero es una persona muy cercana a mí. Hablar con él es como resucitar a Nietzsche: tiene una inteligencia enorme, que por circunstancias de la vida, utiliza para escupir contra todo lo que huela a cristiano.

¿Intento discutir uno por uno todos sus argumentos, o más bien intento cambiarle la perspectiva, abrirle el corazón, hacerle que vea la Iglesia de otra forma?

¿Merece la pena entrar en la discusión, comerme la cabeza pensando en si tendrá razón, o más bien tengo que seguir por mi cuenta, sin plantearme estas cosas, y al final del camino se verá quién tenía razón?

P.D.: me doy cuenta nada más colgar la entrada, qué cabeza la mía, de que la respuesta, clara como el agua, la tengo en la entrada anterior. Aún así, se admiten sugerencias, y se agradecen

viernes 30 de octubre de 2009

¿Será esto posible?

Otra del Diario íntimo de Unamuno:

No discutas nunca; Cristo nunca discutió; predicaba y rehuía toda discusión. No rebatas nunca las opiniones ajenas porque eso es querer aparecer más fuerte que tu prójimo y domeñarlo. Expon con sinceridad y sencillez tu sentir y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano; que le gane ella, y no que le sojuzgues tú. La verdad que profieras no es tuya; está sobre ti, y se basta a sí misma.

jueves 29 de octubre de 2009

Cómo hemos cambiado

Haciendo limpieza me encuentro con unas redacciones mías hechas para clase de lengua en segundo de bachillerato (hace entre 2 y 3 años); nos pedían redacciones de opinión sobre un tema determinado (nunca un tema directamente político o religioso, aunque sí a veces relacionado) para preparar la selectividad. Las leo y salta a la vista que si las hiciera ahora cambiaría bastantes cosas.

Conservo sólo algunas, por ejemplo:

- Una sobre el valor de la ortografía. De ésta me sorprende que entonces pusiera tanto empeño en un tema que ahora me parece bastante secundario (aunque le siga dando mucha importancia). Si fuera ahora, me metería a defender la enseñanza del latín e intentaría llevar el tema a un problema más de fondo (no sé exactamente cuál, pero seguro que lo hay).

- Una sobre la inmigración, donde defiendo a capa y espada el derecho de los inmigrantes a poder emigrar sin impedimentos. Ahora seguiría básicamente la misma argumentación, pero añadiría que la solución no está en dar papeles para todos, porque eso es también un abuso hacia los propios inmigrantes.

- Sobre el sentimiento: me extraña que me pusiera a defender de forma tan extrema su valor, cuando ahora me doy cuenta de que el problema que tenemos es más bien el contrario, el sentimentalismo (y siempre hay que tender a equilibrar el barco).

- Sobre la relación del hombre con la naturaleza, digo en la redacción por un lado que nos la estamos cargando y traerá consecuencias, y por otro aprovecho para meter el tema de la dignidad del hombre (razonando así, más o menos: no hay que olvidar que el hombre también es un ser natural, y el primero de todos, así que una ecología bien entendida incluye al hombre). Bien, ésta me gusta más. Pero ahora aprovecharía para introducir explícitamente el tema del aborto.

Éstas no las tengo, pero me acuerdo de dos más, haciendo memoria:

- La que me pidieron en el examen de selectividad, sobre la emancipación de la mujer. La hice deprisa y corriendo, me acuerdo que la idea principal era que somos iguales en la diferencia. Bien, pero si fuera hoy le daría más caña a la ideología de género.

- La más interesante de todas, una en que nos pidieron hablar sobre la creación a partir de un diseño inteligente o a partir de la casualidad (no me acuerdo si el enunciado era ése exactamente). Me acuerdo de que para apoyar mi argumentación me cogí un libro con textos de Benedicto XVI que tenía del Encuentro de las Familias de Valencia y me puse a plagiar al Papa, yo tan fresco. Puse, con otras palabras, que pensar en un mundo gobernado por el azar es pensar en un mundo irracional, mientras que hay otra opción mucho más razonable que es apostar por una Razón creadora.

No ha cambiado mi idea, pero hoy me pondría a hacer una redacción con mucha más chicha. Añadiría datos, citaría afirmaciones de científicos como la maravillosa de Arno Penzías ("si no tuviera otros datos que los primeros capítulos del Génesis, algunos de los salmos y otros pasajes de las Escrituras, habría llegado esencialmente a la misma conclusión en cuanto al origen del universo que la que nos aportan los datos científicos"), hablaría del logos que rige toda la realidad, y sobre todo añadiría la idea (es algo más que una idea) de que la Razón que gobierna el mundo es a la vez Amor, Logos-Amor. Y ya de paso citaría la Divina Comedia:

Amor che muove il sol e le altre stelle (Amor que mueve el sol y las estrellas)

miércoles 28 de octubre de 2009

Espectacular

La "Tocata y fuga en D menor" de Bach con un gráfico de ordenador para seguir su estructura.




P.D.: me entero de que "en D menor" significa "en Re menor", ya que las notas del cifrado latino tienen la siguiente equivalencia con respecto al sistema anglosajón y al alemán:

Do C
Re D
Mi E
Fa F
Sol G
La A
Si B (H en el cifrado alemán)

El cifrado latino, el que utilizamos hoy en España, proviene de un himno medieval, el himno a San Juan, y se forma a partir de las primeras letras de sus versos:

Ut queant laxis
Resonare fibris
Mira gestorum
Famuli tuorum
Solve polluti
Labii reatum
Sancte Ioannes

Posteriormente "Ut" fue cambiado por "Do", de "Dominus", "Señor".

lunes 26 de octubre de 2009

Unamuno dixit


En su magnífico "Diario íntimo". Pondré más citas de este libro.

La fe es un hecho en los que la poseen y disertar sobre ella los que no la tienen es como si una sociedad de ciegos discutiera acerca de lo que oyeran hablar de la luz a los videntes.

domingo 25 de octubre de 2009

Reflexiones de otoño

- No hay libertad si no hay verdad: la libertad tiene que ser verdadera, porque si no, es una ficción. Pues bien, amable lector, haz este experimento: ponte a contar cualquier día las veces que escuchas o lees la palabra "libertad" y su elogio en conversaciones con amigos, periódicos, políticos, televisión, anuncios. Después haz lo mismo con la palabra "verdad", a ver si llegas a dos o tres a lo largo del día. Saca conclusiones y acuérdate: "la verdad os hará libres". La verdad, la verdad, y no otra cosa.

- La gente piensa, con razón, que todo lo nuestro tiene que ir madurando y creciendo a medida que nosotros maduramos y crecemos, pero se les olvida incluir la fe. Te encuentras a personas con su traje de adulto, su cultura de adulto, su formación de adulto, y con su fe infantil. Luego vienen los problemas y no sabemos afrontarlos, porque el conocimiento de nuestra fe se acabó cuando hicimos la Primera Comunión.

- ¿No sería un revulsivo para el mundo que nos tomáramos en serio la liturgia? Si en vez de ir a comulgar mirando las bóvedas o buscando al vecino, fuéramos concentrados en lo que vamos a hacer; si en el momento de la consagración nos arrodilláramos en vez de estar apoyados en la pared como pasotas, si atendiéramos a las lecturas en vez de mirar al infinito, si pensáramos y saboreáramos cada palabra que decimos en la Eucaristía... Ay, entonces los que nos vieran salir pensarían que nos hemos encontrado realmente allí con Dios, no que hemos ido a pasar el rato.

jueves 22 de octubre de 2009

Dios y Auschwitz


Mucho se ha dicho sobre las consecuencias existenciales del horror de la Segunda Guerra Mundial. El filósofo Adorno dijo que no se puede hacer más poesía después de Auschwitz. Otros dijeron también que no se puede creer en Dios después de Auschwitz, que quizá sea lo mismo. Sin llegar a tanto, son muchos los que se han preguntado dónde estaba Dios en aquellos días, incluido Benedicto XVI.

Recuerdo haber visto en algún periódico una entrevista a César Vidal, un escritor protestante español, en la que daba esta magnífica respuesta: "mientras sucedía el horror de Auschwitz, Dios estaba en el mismo sitio que hace dos mil años: crucificado por nosotros".

Ahora encuentro, en ese mismo libro sobre ética del que ya he hablado, el testimonio de Etty Hillesum, una joven judía que murió en Auschwitz. En su diario encontramos estas palabras dirigidas a Dios:

Una cosa se hace cada vez más clara: Tú no puedes ayudarnos, debemos ayudarte a ayudarnos. Es todo lo que podemos hacer en estos días, y realizarlo, lo único que importa, salvaguardar dentro de nosotros ese trocito de Ti, Dios. Y quizá también en otros. Desgraciadamente, no parece que Tú puedas hacer mucho en nuestras circunstancias, en nuestras vidas, pero no Te hago responsable. Tú no nos puedes ayudar, pero nosotros a Ti sí, al defender hasta el final Tu dulce morada dentro de nosotros.

Así de pasada, se me ocurre pensar que tal vez dentro de cien años se pregunten, viendo la barbarie del aborto: ¿y dónde estaba Dios?

O a lo mejor se preguntan dónde estábamos nosotros.